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Nueve ‘idas’ para Un libro viajero

2026

Serie de bordado a mano sobre tela de algodón, de elementos naturales en escala real.
46 x 61 cm cada uno

 

El proyecto

Un libro viajero nace hace varios años a propósito de una situación puntual que, como cualquier anécdota, podría haber pasado inadvertida. El contexto particular al que me refiero fue la realización de mi exposición retrospectiva Tentativa de inventario (MNBA, 2017-18), cuyo extenso montaje coincidió con la instalación de alarmas sonoras en las salas del museo, que se activaban cuando un visitante se acercaba demasiado a una obra. En ese entonces lo entendí solo como una mejora en la seguridad, pero más tarde, al recorrer la muestra con público, pude notar las otras consecuencias que esto tendría: las alarmas se activaban constantemente, provocando —al menos en mí, pero puedo suponer que en otras personas también— si no desazón, al menos incomodidad.

La muestra estuvo en exhibición por más de cinco meses y, en ese contexto, tuve la oportunidad de realizar una serie no menor de visitas guiadas. A esto se sumó un estudio etnográfico realizado por el sociólogo Jaime Coquelet y el antropólogo Felipe Cisternas, a través de observaciones y entrevistas, que se extendió por más de tres meses. Una de las conclusiones más importantes fue aquello que ese ruido molesto, que se activaba constantemente, estaba presagiando: la necesidad de los visitantes de tocar las obras no estaba motivada, en ningún caso, por un deseo de “dañarlas”, sino por la necesidad de “completar” aquella información que el ojo no estaba pudiendo entregar. Y es que el “ojo” aprehende realmente “usando las manos”.

Decidí entonces hacer un proyecto en el cual se invirtiera la relación entre las obras y el espectador, de modo que, en vez de quedar esperando a los visitantes, colgando de las paredes de un museo o galería, las obras fueran al encuentro de las personas, viajando hasta sus casas para entrar en su espacio privado. Esta idea cobró una nueva dimensión dos años más tarde, en el contexto de la pandemia, cuando se suspendió por completo el contacto interpersonal. Aquella experiencia hizo evidente hasta qué punto nuestra relación con los objetos y con los otros está atravesada por la cercanía y el contacto, y cómo estos participan de nuestra experiencia del mundo.

A partir de este contexto surge Un libro viajero, un proyecto que consiste en una serie de nueve bordados en escala 1 : 1 de pequeños objetos —o sujetos— cuya existencia pasa comúnmente inadvertida: un insecto, una pequeña piedra, una planta, entre otros. Cada bordado viaja por correo de una persona a otra: cada destinatario lo recibe y lo conserva durante una semana, para luego enviarlo al siguiente, completando una cadena de aproximadamente nueve viajes. La invitación consiste en que cada persona reaccione a ese encuentro con el bordado mediante una respuesta particular, en el formato que le resulte más adecuado: un dibujo, un texto, una fotografía, etc. Cada una de estas respuestas, ya sea en formato análogo o digital, forma parte integral de la obra y acompaña a los bordados que han estado viajando durante varios meses.

Al retornar los bordados a mi taller, he incorporado a cada uno un texto que he escrito como respuesta, a modo de relato, a aquello que la experiencia de su circulación me ha ido entregando. Un libro viajero es, así, una obra que se nutre de su propia puesta en circulación: de cada uno de sus viajes y encuentros, materializando la relevancia de la interacción y del contacto con un otro para completarse. Esta experiencia de entregar, de modo confiado y generoso, una pequeña “experiencia de contacto” constituye también una forma de hacer frente, desde “lo infraordinario”, a la crisis de lo humano que estamos atravesando.

 

años. llevan años ahí, quietos, mudos.

a oscuras. ocultos en cajones, cajitas, en algunos sobres.

los busco tanteando y se asoman.

pedacitos de nada, o casi, casi nada.

livianos, navegan su vuelo improbable, y se alejan y los pierdo de vista.

luego pausa… pausa ciega.

nueve idas y tantas vueltas.

y por fin retornan los mil hilos cargados de tiempos;

de roces tibios, de olor a café y humedad.

 

Les comparto el texto de presentación de sala de Fernando Pérez:

 

Nueve objetos naturales son el punto de partida de esta obra: una hoja de roble, un trozo de obsidiana, un fragmento de un nido de avispas, una estrella de mar, una pluma, la concha de un caracol, un digüeñe, un insecto conocido como “caballito”, un trozo de corteza de árbol. Nueve objetos pequeños recolectados por la artista, sin más valor que su apariencia atractiva si uno se demora en ella. Casi todos ellos fueron seres vivos, o parte de alguno. Ahora son cosas inertes, pero cobran nueva vida en esta obra en que Mónica Bengoa las borda en escala uno a uno sobre paños de tela que después envía por correo a quienes se inscribieron para recibirlos, con el compromiso de enviar luego una respuesta de algún tipo.

Estos bordados se transforman entonces en pretextos para un intercambio de ideas, sensaciones, palabras, objetos, acciones, configurando una red que se lanza y recoge y regresa cargada de afectos que expanden los límites de la obra, abarcando ahora a quienes convivieron con ella y a partir de esa experiencia proponen resonancias de cada bordado, en formatos tan diversos como textos, objetos, imágenes y registros sonoros o audiovisuales. Este “libro viajero” nos invita a abrir la mirada a la curiosidad ante todo eso que permanece invisible hasta que lo descubrimos nuevamente y que nos permite vincularnos de otro modo con las cosas y personas que nos rodean, así como con nosotros mismos, con los bordes y desbordes que nos constituyen.

 

Fernando Pérez Villalón

 

 

Nine ‘outings’ for A Traveling Book

2026

A series of handmade embroideries on cotton fabric, featuring life-size natural elements.
46 x 61 cm each

 

The project 

A Traveling Book began several years ago in response to a specific situation that, like any anecdote, might have gone unnoticed. The specific context I am referring to was the staging of my retrospective exhibition Tentativa de inventario (MNBA, 2017–18), whose extensive installation coincided with the installation of audible alarms in the museum galleries, which were triggered when a visitor got too close to a work of art. At the time, I saw this merely as a security improvement, but later, while touring the exhibition with visitors, I began to notice the other consequences this would have: the alarms went off constantly, causing —at least for me, but I imagine for others as well— if not unease, then at least discomfort.

The exhibition was on view for more than five months, and during that time, I had the opportunity to lead a significant number of guided tours. In addition, sociologist Jaime Coquelet and anthropologist Felipe Cisternas conducted an ethnographic study —based on observations and interviews— that lasted more than three months. One of the most important conclusions was what that annoying noise —which was constantly triggered— was foreshadowing: visitors’ need to touch the works was in no way motivated by a desire to “damage” them, but rather by the need to “complete” the information that the eye alone could not provide. The fact is that the “eye” truly perceives by “using the hands”.

I then decided to undertake a project that would reverse the relationship between the artworks and the viewer, so that, instead of waiting for visitors while hanging on the walls of a museum or gallery, the artworks would go out to meet people, traveling to their homes to enter their private space. This idea took on a new dimension two years later, in the context of the pandemic, when interpersonal contact was completely suspended. That experience made it clear just how much our relationship with objects and with others is shaped by closeness and contact, and how these elements shape our experience of the world.

It is against this backdrop that A Traveling Book emerges, a project consisting of a series of nine 1:1 scale embroideries of small objects —or subjects— whose existence often goes unnoticed: an insect, a small stone, a plant, among others. Each embroidery is sent by mail from one person to another: each recipient receives it and keeps it for a week, then sends it on to the next person, completing a chain of approximately nine journeys. The invitation is for each person to respond to this encounter with the embroidery through a personal reaction, in whatever format feels most appropriate: a drawing, a text, a photograph, etc. Each of these responses, whether in analog or digital format, forms an integral part of the work and accompanies the embroideries that have been traveling for several months.

Upon returning the embroideries to my studio, I have added to each one a text I wrote as a response —in the form of a story— to what the experience of their circulation has revealed to me. A Traveling Book is, thus, a work that draws its strength from its own circulation: from each of its journeys and encounters, embodying the importance of interaction and contact with another in order to be complete. This experience of entrusting, in a trusting and generous way, a small “experience of contact” also constitutes a way of confronting —from “the infraordinary”— the crisis of humanity that we are currently facing.

 

I’d like to share with you Fernando Pérez’s text for my exhibition:

 

Nine natural objects serve as the starting point for this work: an oak leaf, a piece of obsidian, a fragment of a wasp nest, a starfish, a feather, a snail shell, a “digüeñe”, an insect known as a “caballito,” and a piece of tree bark. Nine small objects collected by the artist, with no value other than their appealing appearance if one takes the time to look closely. Almost all of them were once living beings, or part of one. Now they are inert objects, but they take on new life in this work, in which Mónica Bengoa embroiders them life-size onto pieces of fabric that she then mails to those who signed up to receive them, with the commitment to send a response of some kind in return.

These embroideries then become pretexts for an exchange of ideas, sensations, words, objects, and actions, forming a network that is cast out, gathered in, and returns laden with affections that expand the work’s boundaries, now encompassing those who have engaged with it and, drawing on that experience, propose resonances of each embroidery in formats as diverse as texts, objects, images, and audio or audiovisual recordings. This “traveling book” invites us to open our eyes to curiosity about all that remains invisible until we rediscover it —allowing us to connect differently with the things and people around us, as well as with ourselves, with the boundaries and overflowing aspects that define us.

 

Fernando Pérez Villalón

 

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