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A través de una metodología de trabajo basada en restricciones, me he permitido interrogar aquello que pasa comúnmente inadvertido, poner atención en lo pequeño e insignificante que guarda relación, tanto con la capacidad de ver aquello que usualmente no es visto, notado o considerado, como con atender ciertos asuntos que han sido deliberadamente invisibilizados. Esta búsqueda por poner más atención en lo común de nuestras vidas, en su observación asombrada y minuciosa, y en el cuestionamiento de aquello que se da por sentado, toma como referencia lo infraordinario, término acuñado por el escritor francés Georges Perec para referirse, interrogar y nombrar todos aquellos asuntos cotidianos e insignificantes.

En un inicio me fijé en mi espacio privado, incluyendo mi casa, mis hijos y sus rutinas cotidianas, mis plantas y libros –textos, frases, palabras; referencias literarias fundamentales a lo largo de los años de trabajo–. Luego se han sumado observaciones a la naturaleza –mi otra gran compañera–, principalmente a plantas e insectos que, por su escala, también suelen pasar inadvertidos, aun cuando cumplen un rol fundamental en preservar el equilibrio de los ecosistemas.

He elegido a la fotografía como medio de observación de aquellos pequeños asuntos que nos rodean, sumando a mi producción artística la pregunta sobre el sentido de la imagen fotográfica, de la permanencia de la fotografía como la estructura que siempre subyace en la imagen transformada. Así, he realizado operaciones de transferencia de imágenes fotográficas hacia otras materialidades, utilizando diversas estrategias de construcción de obra que han incluido procedimientos manuales ligados a desplazamientos del dibujo, la pintura, el grabado y el trabajo textil.

El proceso de reelaboración manual de este medio mecánico resignifica el sentido de imágenes de temáticas aparentemente insignificantes, a través de empresas de escala muchas veces monumentales, ya sea por sus grandes dimensiones o su intensa laboriosidad manual. El resultado de este cruce han sido enormes murales realizados a partir de cientos de servilletas de papel coloreadas a mano, miles de cardos teñidos, decenas de metros de fieltro de lana calados a mano o, más recientemente, grandes mantas tejidas o diminutas imágenes bordadas a mano.

Este trabajo en torno a la imagen fotográfica se ha basado en un sistema de restricciones técnicas y materiales, donde el ejercicio óptico se transforma en el eje que articula y regula la coherencia final del proyecto, en tanto se basa en la estructura fotográfica de la imagen de origen. Para ello he creado un sistema de restricciones para el uso del color, en el que las paletas limitadas de cardos teñidos, lápices de colores o hilos de bordar, me permite utilizar este procedimiento como un sistema de asistencia para la construcción de imágenes. En este sentido, trabajo con lo que veo y no con lo que sé.

En definitiva, la utilización de la fotografía se ha basado no sólo en la obtención de imágenes mecánicas desde la coherencia de su estructura óptica contenida, sino en el propósito de develar el procedimiento técnico de mi metodología de trabajo, a través del cual me permito mirar atentamente a mi alrededor. El trabajo de taller constante se transforma así en el espacio de verdadero aprendizaje en mi trabajo, donde la observación exhaustiva y asombrada de aquello que pasa comúnmente inadvertido, se instala como única posibilidad cierta de habitar el presente.

Through a work methodology based on restrictions, I have allowed myself to question that which is commonly unnoticed, to pay attention to the small and insignificant that is related both to the ability to see that which is not usually seen, noticed or considered, and to attend to certain issues that have been deliberately made invisible. This quest to pay more attention to the commonplace in our lives, in its astonished and meticulous observation, and in the questioning of that which is taken for granted, takes as a reference the infraordinary, a term coined by the French writer Georges Perec to refer to, question and name all those everyday and insignificant matters.

Initially, I focused on my private space, including my home, my children and their daily routines, my plants and books –texts, phrases, words; fundamental literary references throughout the years of work–. Then I have added observations of nature –my other great companion– mainly plants and insects that, due to their scale, also tend to go unnoticed, even though they play a fundamental role in preserving the balance of ecosystems.

I have chosen photography as a means of observation of those small matters that surround us, adding to my artistic production the question of the meaning of the photographic image, of the permanence of photography as the structure that always underlies the transformed image. Thus, I have carried out operations of transference of photographic images to other materialities, using diverse strategies of construction of work that have included manual procedures linked to displacements of drawing, painting, engraving and textile work.

The process of manual reworking of this mechanical medium re-signifies the meaning of images of apparently insignificant subject matter, through often monumental-scale undertakings, either because of their large dimensions or their intense manual laboriousness. The result of this crossover has been huge murals made from hundreds of hand-coloured paper napkins, thousands of dyed thistles, tens of metres of hand-drawn wool felt or, more recently, large woven blankets or tiny hand-embroidered images.

This work around the photographic image has been based on a system of technical and material restrictions, where the optical exercise becomes the axis that articulates and regulates the final coherence of the project, as it is based on the photographic structure of the source image. To this end, I have created a system of restrictions for the use of colour, in which the limited palettes of dyed thistles, coloured pencils or embroidery threads, allow me to use this procedure as a system of assistance for the construction of images. In this sense, I work with what I see and not with what I know.

Ultimately, the use of photography has been based not only on obtaining mechanical images from the coherence of their contained optical structure, but on the purpose of unveiling the technical procedure of my working methodology, through which I allow myself to look attentively at my surroundings. The constant studio work thus becomes the space of true learning in my work, where the exhaustive and astonished observation of that which is commonly unnoticed, is installed as the only certain possibility of inhabiting the present.