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Escenas de la recuperación. Por Ricardo Cuadros (1998)

En esta muestra, Mónica Bengoa revisita sus archivos para ensayar un resumen de ocho años de trabajo fotográfico. Ejercicio retrospectivo alejado del formato Retrospectiva: el propósito de Mónica Bengoa no es la reposición de las obras de un período (1990-1998) sino reactualizar cierta cantidad de material que sirvió de base para trabajos anteriores, en una obra nueva.

En un primer acercamiento, lo que define la muestra es su manera de ocupación del espacio, la utilización directa de los muros como soporte para la puesta en escena. Hasta ahora, para mostrar fotografías, la autora había preferido cantidades y encuadres más reducidos. En 203 fotografías recompone la retícula desbordando sus propios límites y esto no es decir poca cosa: con esta muestra Mónica Bengoa podría estar cerrando un ciclo determinado por el minimalismo de los montajes y el tema de la autobiografía.

Como efecto de la suma, en 203 fotografías se produce una saturación de referencias al (propio) cuerpo y a las escenas familiares. La muestra se compone exclusivamente de fragmentos corporales y de retratos de la autora, pero este colmo referencial está trabajado de tal manera que los segmentos ofrecen distintas velocidades, planos de profundidad, argumentos. Digamos, como cuestión de velocidad, que el desplazamiento del ojo es uno cuando recorre el área azulina de las orejas y otro cuando lo hace reconstruyendo la escena hogareña de la joven en camisa blanca, o cuando tiende a resbalar por la zona dorada de los pliegues epidérmicos. Del mismo modo, los planos de profundidad de estos pliegues contrastan con los de una espalda entera o con aquellos, apenas perceptibles, de las cicatrices. Y el argumento de estos cortes (explicitado por ella misma en un catálogo, con ocasión de una muestra del año 1996) es otro que aquel de la autora postrada en una cama de hospital, recuperándose de la quebradura de su nariz.

Me parece que esta escena de la recuperación de la quebradura –situada en la zona central de la muestra, y privilegiada en el ‘objeto catálogo’ publicado con ocasión de la misma– es un síntoma del estado de las cosas en el trabajo fotográfico de Mónica Bengoa. El momento de ruptura ya ha pasado, y ahora la accidentada guarda reposo para que el hueso se solidifique y alcance su nueva fijeza. El montaje de 203 fotografías se mueve alrededor de este argumento. La fractura se manifiesta en el momento de la convalecencia, del tránsito hacia la forma recuperada. Y no pasemos por alto que ‘recuperación’ alude tanto a un estado o cosa que ha quedado fuera de alcance y retorna, como a la renovación de tejidos y fuerzas después de una enfermedad o accidente. El lenguaje fotográfico de Mónica Bengoa recupera la energía de sus archivos para recuperarse de la fractura interna a la que ella misma lo ha sometido, para retomar con nuevas fuerzas el proceso creativo.

Me parece importante –como seña de la recuperación en curso– detenerse en la austeridad del título de la muestra, comparada con las referencias siempre metafóricas de los títulos de muestras anteriores: ‘Para hacer en casa’ (1992); ‘Vivir como Soñamos’ (1995) o ‘Campo Magnético (Cicatrices)‘ (1996). 203 fotografías proviene de estos trabajos, pero asume su condición de cita o rearticulación evitando la literatura, prefiriendo para su título nada más que la información numérica y material. Los 203 fragmentos fotográficos desbordan el perímetro de los muros que los soportan, se diría que chorrean formando una imagen (in)conclusa, en un claro cuestionamiento de la autora a sus propios procedimientos: a su vez el título de la muestra, al desentenderse de las metáforas, del lenguaje de poemario, sale en busca de otras maneras de nombrar la obra.

Con esta muestra, Mónica Bengoa explicita un grado de reflexión notable y se pone a sí misma en una zona de frontera, donde las posibilidades de accidente y recuperación son muchas, tantas como fuerzas tenga la aventurera.

Ricardo Cuadros
Doctor en Literatura, Escritor y Fotógrafo
 

En catálogo Exposiciones 1998, Galería Posada del Corregidor. p.74-76. Santiago, Chile.

Scenes of recovery

 

In this exhibition Mónica Bengoa goes back to her files in order to compose a summary of eight years’ photographic work. This is a retrospective exercise far removed from the Retrospective format: Mónica Bengoa’s aim is not to re-situate the work of a period (1990-1998), but to bring a certain quantity of material, which served as the basis for earlier works, up to date in a new work.

In a first approach, what defines the exhibition is its way of using the space, the direct use of the walls as a backcloth for the presentation. Previously when showing photographs, the artist had preferred more restricted quantities and arrangements. In 203 photographs, she re-makes her reticle, overflowing her own limits, which is saying a lot; with this exhibition, Mónica Bengoa could be closing a cycle which was defined by minimalist mountings and the autobiographical theme.

As a result of this sum, in 203 photographs, she produces a saturation of references to the body (her own) and family scenes. The exhibition is made up exclusively of fragments of the body and portraits of the author, but this mound of reference is worked on in such a way that the segments offer differing speeds, levels of depth and arguments.

Let us say, as regards speed, that the movement of the eye is one thing when it runs over the bluish area of the ears, and another when in does the same thing to reconstruct the homely scene of the young girl in a white shirt, or when it tends to skate over he golden zone of epidermic folds. In the same way, the levels of depth of these folds contrast with those of a complete back, or with the scarcely perceptible ones found in scar tissue. And the argument of those cuts (explicitly stated by her in a catalogue, on the occasion of a 1996 exhibition) is different from that of the author lying on a hospital bed, recovering from a broken nose.

It seems to me that this scene of the recovery from the broken nose –placed in the very center of the exhibition, and given pride of place in the “object-catalogue” published on the occasion– is symptomatic of the state of affairs in Mónica Bengoa’s photographic work. The moment of the fracture has already passed, and now the sufferer is resting so that the bone can solidify and achieve its new firmness. The montage, 203 photographs, revolves around this argument. The fracture is shown at the moment of convalescence, in transition towards the recovered shape. And let us no forget that “recovery” refers to a state or thing which has been out of range and returns, as in the renewal of tissues and strength after an illness or accident. The photographic language of Mónica Bengoa recovers energy from her files in order to recover from the internal fracture to which she has submitted herself and take up the creative process ones again with renewed vigor.

It seems to me important –as a sign of the recovery which is going on– to pause for a moment on the austerity of the title of the exhibition, compared with the always metaphorical references in the titles of earlier exhibitions: ‛To be made at home’ (1992); ‛Living as we dream’ (1995) or ‛Magnetic Field (Scars)’ (1996). 203 photographs comes out of these works, but assumes its condition as quotation or re-articulation, avoiding literature, and preferring as a title simply numerical and material information.

The 203 photographic fragments overflow the perimeter of the walls which hold them. One might say that they flow out, forming an inconclusive image, in a clear questioning by the author of her own procedures; at the same time, the title of the exhibition, by avoiding metaphors and the language of the poetry-book, reaches out in search of other ways of naming the work.

With this exhibition, Mónica Bengoa explicitly states a considerable degree of reflection and puts herself into a frontier zone, where the possibilities of accident and recovery are great; as great as the strength that this adventurer may have.

 

 

In 1998 Exhibitions catalog. Galería Posada del Corregidor. p.122-123. Santiago, Chile. 1999