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contexto

Poco después del inicio de la cuarentena, recibí una amistosa llamada de Enrique Matthey y, unos días después, una invitación suya a participar de un proyecto surgido en su observación de que, en ese período de distanciamiento y reclusión, algo había cambiado. La invitación, enviada a otras 91 personas, incluía un instructivo en el que se nos pedía hacerle llegar un texto de entre una y tres páginas, y una imagen y su descripción. El proyecto culminó en el libro digital titulado ESOS GRANDES DETALLES. 92 relatos escritos durante la pandemia, para el cual escribí el texto trescientos cuatro por cuatrocientos diecisiete.

El texto, una écfrasis de mi jardín surgida de su observación, se transformó también en video, de ese tiempo y acontecer distinto del encierro, del crecimiento de una planta Espuela de galán. Este hecho, que tal vez si no fuese por la cuarentena hubiese pasado —casi— completamente desapercibido, en un principio fue una curiosidad y una entretención, algo que admirar y que cuidar; pero con el pasar de las horas, los días y los meses, fue adquiriendo un valor muy particular: se transformó en evidencia de que, como las plantas, en lugar de sufrir y quejarnos por las oportunidades y ocasiones perdidas, es posible elegir la actitud de esos seres sensatos que “se acomodan a sus recipientes”, encontrando siempre la manera de florecer con lo justo y necesario del espacio y los recursos que les son dados…

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  1. © 2021 mónica bengoa

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