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A comienzos del año 2014 llegó a mis manos un libro del cual ignoraba su existencia: Pere(t)c Tentativa de Inventario[1]. Se trataba de un libro-catálogo editado a propósito de la exhibición homónima, llevada a cabo en la Fundación Luis Seoane de A Coruña entre el 29 de octubre de 2010 y el 16 de enero de 2011. En ella se incluyó una serie de trabajos, filmes y documentos, tanto del mismo Georges Perec, como de otros especialistas y artistas, que daban cuenta de las indudables y persistentes relaciones existentes en su obra entre la literatura y la imagen.

De manera inversa –y a la vez complementaria–, la presencia de la literatura en general, y de la obra de Perec en particular, han sido una constante en mi propia investigación visual. Sus escritos han sido un referente valioso para el estudio de la imagen en mi obra, en primer término temático –abordando asuntos relativos a lo infraordinario–, pero sobre todo metodológico, en tanto he trabajado siempre con una serie de restricciones o trabas y, sin duda, en torno a lo exhaustivo (pero siempre inconcluso).

Entonces, como tantas veces antes, he recurrido al simple e inofensivo hurto de aquel título para nombrar este nuevo ejercicio en el que he decidido sumergirme: Tentativa de Inventario es, sobre todo eso, un ejercicio de observación, pero no de una observación cualquiera, sino de la que da la distancia, el decante del tiempo. Volver a mirar este conjunto de obras, realizadas entre los años 1992 y 2017, me ha permitido no solo revisitar los propósitos que motivaron determinadas elecciones temáticas, materiales, procedimentales, sino también “sentarlas a conversar” esperando que surja un diálogo nuevo, distinto entre ellas, ya que por vez primera conviven en un mismo lugar.

El trabajo en el arte es uno solitario; al menos el mío lo ha sido en gran parte del camino. Consecuentemente, me ha parecido importante realizar yo misma la selección de obras en este ejercicio retrospectivo, convencida de que entregarle esta responsabilidad a otro no permitiría dar cuenta del sentido que he buscado en él.

Así, he incluido en esta muestra dos obras que en sí mismas han sido una revisión de lo hecho hasta ese momento: 203 fotografías (1998) y transmobile (2005); ambos proyectos, en su momento, se plantearon como una posibilidad de vaciamiento en espera de renovar la mirada, deseando siempre volver a sorprenderme. 203 fotografías presentó el archivo de imágenes que me había permitido crear todas las obras fotográficas producidas entre el año 1992 y 1997; transmobile, en cambio, daba cuenta de todos aquellos elementos –temáticos y materiales– que estuvieron presentes en mis obras entre fines de los años noventa y hasta mediados de los dos mil.

Tentativa de Inventario busca transitar desde un primer periodo marcado por la utilización directa del soporte fotográfico, centrado fundamentalmente en el registro temporal de pequeñas situaciones domésticas, siempre insignificantes; luego, a través de la traducción de imágenes fotográficas hacia grandes murales mediante procedimientos manuales, dar cuenta de aquello que pasa comúnmente inadvertido –lo infraordinario–; hasta la incorporación directa de la literatura –el libro, la palabra– como articulador metodológico y de sentido en mi obra. Pero esta organización temporal, aparentemente simple no es tal, ya que estos periodos no se han sucedido ordenadamente en el tiempo, sino que se han superpuesto, avanzado a empujones, volviendo atrás una y otra vez, retomando nuevamente la marcha.

 

Mónica Bengoa
Santiago, diciembre 2017

 

[1] Editado por Alberto Ruiz de Samaniego, 2011.


 

[la fotografía y lo inadvertido]

Entre los años 1992 y 1996, interesada en ese entonces en relacionar la geografía terrestre con la corporal, realicé una serie de obras fotográficas que mostraban distintos “accidentes geográficos” de mi cuerpo. Así, mediante la acumulación de todas las fotografías antes descartadas, se fue construyendo un archivo de esas topografías, el que desembocó el año 1998 en 203 fotografías. En esta instalación las imágenes se despliegan construyendo un mapa, un pequeño atlas de lo corporal, al tiempo que me permiten remirar todo lo que había hecho hasta ese entonces.

Durante esos primeros años y hasta los dos mil, el trabajo directo con el medio fotográfico, documentando accidentes geográficos de mi propio cuerpo y de otros, dio paso a un registro temporal de situaciones que usualmente pasan inadvertidas. El año 1999 inicié un proyecto para el cual me propuse fotografiar distintas actividades domésticas cotidianas e insignificantes, aquellas que se repiten de igual modo, una y otra vez. De este proyecto surgen obras como En vigilia 4 y ejercicios de fortalecimiento del cuerpo: distensión, en los que, sirviéndome de la técnica que antiguamente solo estaba reservada para acontecimientos memorables, fotografié aquellos momentos que se vuelven invisibles a nuestros ojos debido a su constante reiteración, los cuales, sin embargo, convierten a esas mismas actividades en los límites seguros de nuestro habitar.

 

[lo infraordinario, la traducción de imágenes, las restricciones]

Un segundo momento en mi investigación —que comenzó el año 2001—, es el marcado por la traducción de imágenes fotográficas a otras materialidades y escalas. De la utilización directa de la fotografía y el interés en asuntos cotidianos y domésticos, mi trabajo se volcó hacia temáticas vinculadas a lo infraordinario, aquello que comúnmente pasa inadvertido. Es entonces que aparecen mis primeras obras de gran escala, las que, sin desatender la referencia a la imagen fotográfica, asumían su reproductibilidad mediante materialidades provenientes de diversos medios, abriendo nuevas posibilidades técnicas en mi quehacer artístico. De ahí surgen obras como Sobrevigilancia (2001), mural en el que reproduje la imagen ampliada del lavamanos de un baño familiar, utilizando 9.160 flores naturales de cardos teñidas.

La incorporación de nuevas metodologías y sistemas de producción en mis obras, me obligaron a trabajar a partir de un sistema de ordenamiento y clasificación que hiciera posible realizar las traducciones cromáticas de las imágenes fotográficas de referencia. Siguiendo las restricciones propias de una paleta acotada, por ejemplo, a los lápices o hilos de bordar que se encuentran en el mercado, el desafío ha sido encontrar aquel color que se acerque más al presente en la pantalla del computador y no al modelo original, procurando siempre trabajar con lo que veo y no con lo que sé. Así, enero, 7:25 reproduce la fotografía de una cama de niño en un mural de 14 metros de largo, conformado por 2.600 servilletas coloreadas con lápices de madera, una a una durante ocho meses de trabajo, en compañía de un grupo de asistentes que se turnaban en aquella incesante labor.

 

[la literatura, el libro, la palabra]

El fieltro de lana natural ha estado presente en mi producción artística desde el año 2009. A través de la traducción de la imagen fotográfica hacia el fieltro por medio del corte manual, he buscado dar cuenta de la pérdida de información de la imagen de referencia —y de algunas cualidades propias del aparato técnico utilizado—, al tiempo que me he servido de las restricciones cromáticas de la imagen de origen y de las características particulares de este material. Algunas consideraciones sobre los insectos… reproduce la fotografía de un libro abierto, cuyo primer y último plano aparecen completamente desenfocados. En este mural las diez capas de fieltro, organizadas en escala de grises, tenían el propósito de reproducir la falta de nitidez —propia de una imagen con poca profundidad de campo—, mediante trozos informes de fieltro; un desafío más cercano a las técnicas pictóricas que al trabajo textil.

Otro elemento que se ha mantenido presente en mi trabajo es la literatura; primero, desde sus aspectos formales —en tanto se da cuenta de su origen fotográfico a través de la utilización del objeto-libro— y luego, desde su temática. La incorporación del texto como problema central en la imagen dio origen a una serie de trabajos recientes donde el contenido del mismo es lo que configura a la obra en términos metodológicos. De este modo, por ejemplo, Ejercicios de Estilo es un proyecto en el que he querido profundizar en el uso de la literatura en general, y del texto como imagen en particular: de manera similar a como Raymond Queneau utiliza el lenguaje de diversos modos para narrar su historia, en mis ejercicios presento diferentes aproximaciones a las imágenes de las páginas del libro arrugadas; y cada variación material y técnica posibilita una nueva lectura donde, en definitiva, la forma siempre es contenido.

 

  1. © 2018 mónica bengoa

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