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En esta muestra, Mónica Bengoa revisita sus archivos para ensayar un resumen de ocho años de trabajo fotográfico. Ejercicio retrospectivo alejado del formato Retrospectiva: el propósito de Mónica Bengoa no es la reposición de las obras de un período (1990-1998) sino reactualizar cierta cantidad de material que sirvió de base para trabajos anteriores, en una obra nueva.

En un primer acercamiento, lo que define la muestra es su manera de ocupación del espacio, la utilización directa de los muros como soporte para la puesta en escena. Hasta ahora, para mostrar fotografías, la autora había preferido cantidades y encuadres más reducidos. En 203 fotografías recompone la retícula desbordando sus propios límites y esto no es decir poca cosa: con esta muestra Mónica Bengoa podría estar cerrando un ciclo determinado por el minimalismo de los montajes y el tema de la autobiografía.

Como efecto de la suma, en 203 fotografías se produce una saturación de referencias al (propio) cuerpo y a las escenas familiares. La muestra se compone exclusivamente de fragmentos corporales y de retratos de la autora, pero este colmo referencial está trabajado de tal manera que los segmentos ofrecen distintas velocidades, planos de profundidad, argumentos. Digamos, como cuestión de velocidad, que el desplazamiento del ojo es uno cuando recorre el área azulina de las orejas y otro cuando lo hace reconstruyendo la escena hogareña de la joven en camisa blanca, o cuando tiende a resbalar por la zona dorada de los pliegues epidérmicos. Del mismo modo, los planos de profundidad de estos pliegues contrastan con los de una espalda entera o con aquellos, apenas perceptibles, de las cicatrices. Y el argumento de estos cortes (explicitado por ella misma en un catálogo, con ocasión de una muestra del año 1996) es otro que aquel de la autora postrada en una cama de hospital, recuperándose de la quebradura de su nariz.

Me parece que esta escena de la recuperación de la quebradura –situada en la zona central de la muestra, y privilegiada en el ‘objeto catálogo’ publicado con ocasión de la misma– es un síntoma del estado de las cosas en el trabajo fotográfico de Mónica Bengoa. El momento de ruptura ya ha pasado, y ahora la accidentada guarda reposo para que el hueso se solidifique y alcance su nueva fijeza. El montaje de 203 fotografías se mueve alrededor de este argumento. La fractura se manifiesta en el momento de la convalecencia, del tránsito hacia la forma recuperada. Y no pasemos por alto que ‘recuperación’ alude tanto a un estado o cosa que ha quedado fuera de alcance y retorna, como a la renovación de tejidos y fuerzas después de una enfermedad o accidente. El lenguaje fotográfico de Mónica Bengoa recupera la energía de sus archivos para recuperarse de la fractura interna a la que ella misma lo ha sometido, para retomar con nuevas fuerzas el proceso creativo.

Me parece importante –como seña de la recuperación en curso– detenerse en la austeridad del título de la muestra, comparada con las referencias siempre metafóricas de los títulos de muestras anteriores: ‘Para hacer en casa’ (1992); ‘Vivir como Soñamos’ (1995) o ‘Campo Magnético (Cicatrices)‘ (1996). 203 fotografías proviene de estos trabajos, pero asume su condición de cita o rearticulación evitando la literatura, prefiriendo para su título nada más que la información numérica y material. Los 203 fragmentos fotográficos desbordan el perímetro de los muros que los soportan, se diría que chorrean formando una imagen (in)conclusa, en un claro cuestionamiento de la autora a sus propios procedimientos: a su vez el título de la muestra, al desentenderse de las metáforas, del lenguaje de poemario, sale en busca de otras maneras de nombrar la obra.

Con esta muestra, Mónica Bengoa explicita un grado de reflexión notable y se pone a sí misma en una zona de frontera, donde las posibilidades de accidente y recuperación son muchas, tantas como fuerzas tenga la aventurera.

Ricardo Cuadros

  1. © 2017 mónica bengoa

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