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Entre los temas más persistentes en la producción artística desde las primeras décadas del siglo XX están los que interactúan entre el arte y la vida, y el arte de la vida, y de la vida en el arte. Generaciones de profesionales innovadores han reinventado las morfologías, sintaxis, tipologías y modos visuales en formas ilimitadas que permiten al espectador percibir la vida de personas comunes, vistas, y las cosas con una visión fresca y comprensión nueva. Entre los muchos artistas sobresalientes que nos han hecho pensar de nuevo sobre la importancia de lo común como elemento definitorio del arte están, en primer lugar Duchamp, luego Warhol (n. 1928), y muchos otros de su generación; continuando con artistas conceptuales más recientes, como Robert Wilson (n. 1941), Hanne Darboven (n. 1941), Linda Montano (n. 1942), Ana Mendieta (n. 1948), Sophie Calle (n. 1953), y Janine Antoni (n. 1964). Cada uno de estos artistas a su vez, han superpuesto imágenes de gente común (a veces ellos mismos), con actividades comunes, eventos, lugares y objetos que podrían –si no fuera por su presentación artística o construcción– pasar desapercibidos, simplemente porque son tan básicas para los lugares y actividades diarias.

Mónica Bengoa ha seguido investigando esta herencia diversa de lo cotidiano como tema de su obra, grabando imágenes íntimas de su entorno inmediato. Para En Vigilia (1999), por ejemplo, la artista fotografió a sus hijos durmiendo por un período de seis meses. Cada una de las 310 fotografías se distinguen, una de la otra, por los minúsculos cambios que se dejaban ver mientras se movían en su sueño, cambiando de posición en sus camas. Para En vigilia IV, los hijos de la artista fueron fotografiado 640 veces mientras se cepillaban los dientes por la mañana. Esta serie forma una especie de topografía de las acciones cotidianas que definieron sus hijos (y, por extensión, a cualquier otro), costumbres en un determinado momento y lugar.[i] El interés de Bengoa en la repetición obsesiva de rituales diarios, no sólo sirve como punto de partida para su diálogo arte/vida, sino que también define ese diálogo. De algún modo extraño, estos rituales no son muy diferentes de las extensas series de fotografías de camas sin hacer en una habitación de hotel, en las que Sophie Calle registró a lo largo del tiempo, las posiciones de dormir de clientes desconocidos. En el trabajo conceptual de Calle, sin embargo, el espectador nunca vio la figura del durmiente, sólo las impresiones dejadas en las sábanas arrugadas. La identidad de la persona y sus actividades se dejan a la imaginación del espectador. Por el contrario, las series de Bengoa eran reales documentos biográficos de sus hijos, cuya presencia se fijó por un momento en el tiempo, imágenes que pueden ser colocados en el álbum fotográfico familiar.

El nuevo trabajo de Bengoa, titulado El Color del Jardín, es igualmente repetitivo, de trabajo intenso, efímero y personal. Las imágenes fotográficas son de las plantas frente a ventanas (tomadas en su apartamento en el segundo piso de una residencia de dos familias), vistas al jardín delantero a través de la ventana de su sala de estar, secciones de su dormitorio con su cama y mesa de noche, la sala con un sofá, libros, fragmentos de obras de arte, y puertas, abierta y cerrada. Estas imágenes comprenden una composición de una escena no lineal del espacio íntimo de la artista, con una vista hacia el exterior.[ii] Algunas de estas imágenes se instalan en la exposición como fotografías impresas en papel de acuarela; y otras como murales a gran escala en los que las imágenes fotográficas se transfieren digitalmente a pequeñas servilletas de papel y son coloreadas a mano, una a una, cubriendo toda la superficie. Bengoa utiliza cientos (a veces miles) de servilletas, en las que los fragmentos de imágenes, originalmente capturadas por la cámara, se ensamblan para componer la composición a gran escala.

Fundamentalmente, el trabajo de Bengoa nos obliga a parar momentáneamente y reconsiderar nuestros propios espacios personales, sus configuraciones, y su significado en nuestras vidas. Ellos también nos desafían a redefinir la forma en que usamos nuestro espacio, la forma en que nuestro espacio se refleja en nosotros a través de los objetos que incluimos y disponemos. Asimismo, como en el caso de algunas obras anteriores de la artista, nos convertimos nos re-comprometemos con la manera en que vemos a nuestros seres queridos, que en cierta medida son extensiones de nosotros mismos. No sólo estamos definidos en parte por lo que hacemos, sino por lo que ocupamos o por cómo diseñamos nuestro entorno, y cómo gran parte de nuestro tiempo está ocupado con el desempeño de actividades cotidianas. Estos son los problemas en que Bengoa se ha centrado en en el conjunto de su obra desde finales de 1990. La artista recurre a un vocabulario minimalista de repetición y grilla, así como un vocabulario post-minimalista, destacando el toque de la artista, la manualidad, y la importancia de referencias (auto)biográficas, para definir una narración. La incorporación de estos elementos revela una gran sensibilidad y contemplación existencial.

En Chile, Bengoa es una estrella en ascenso en el mundo del arte contemporáneo. Recientemente ha comenzado a exponer internacionalmente, donde su trabajo en la fotografía, el grabado, y las acciones performativas amplían aún más los territorios liminales de un diálogo arte/vida que comenzó hace mucho tiempo y recrea con vigor creativo en el presente.

Julia P. Herzberg, Ph.D.

Historiadora del arte y curadora independiente

Díptico de la exposición. Nueva York, Estados Unidos. 2004


[i] En este sentido, recordamos la obra reciente del artista guatemalteco Alejandro Paz y los artistas costarricenses Miriam Hsu y Oscar Ruiz-Schmidt, cuyas fotografías captan experiencias familiares inmediatas en la esfera privada con el fin de exponer las convenciones o discursos que ofrecen múltiples lecturas. Ver Jaime Cerón, “La 5 ª Bienal que mira hacia el Caribe”, ArtNexus 52:3 (2004): 91.

[ii] Bengoa reconoce que su profesor, Eduardo Vilches, quien fotografió una plaza pública desde su ventana durante un período de tiempo, es el punto de partida de su investigación. Comunicación por correo electrónico con la autora, 24 de julio de 2004.

  1. © 2017 mónica bengoa

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