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Los grandes murales fotográficos de Mónica Bengoa (…) son el resultado de un trabajo muy intenso. Construidos con millares de servilletas de papel, se han unido meticulosamente en una cuadrícula puesta en la pared. Las composiciones de sus obras recuerdan los grandes foto-colages de David Hockney, pese a que la intimidad del tema tratado –que incluye la realidad de las paredes domésticas, los juguetes de sus niños y los objetos de cocina– contraste con el tamaño de sus obras. La fusión entre su identidad de madre y de artista y los aspectos cotidianos de esos papeles, representan su principal fuente de inspiración.

Su reciente obra W, Así lo veo yo (o el gran cuaderno de instrucciones de uso de un aficionado a clasificar las cosas), 2006-2007, cubre una pared entera y muestra lo que la crítica Julia Herzberg describe como cualidades “intensas, efímeras y personales”.[1] W, Así lo veo yo representa la sección de la biblioteca de la artista en la que figura una selección de sus libros preferidos. La obra, cuyo título procede de una especie de juego de palabras obtenido de la unión de los títulos de algunos de los libros presenten en los estantes, y que disfruta de su misma vida como fuente de inspiración, ofrece una visión íntima de la personalidad y del intelecto de la artista. Si se efectúa un análisis del título se puede deducir que “W” representa el título W, ou le souvenir d’enfance (1975), biografía del escritor francés Georges Perec[2], mientras “Así lo veo yo” alude a la segunda parte de la autobiografía de David Hockney, That’s the way I see it, publicada en 1993. “El gran cuaderno” se refiere a la primera novela de Agota Kristof, Le grand cahier (1987), primer libro de una trilogía que incluye Le preuve (1988) y Le troisème mensonge (1991)[3]. La expresión “de uso” deriva del título del libro mas famoso de Perec, La vie, mode d’emploi (1978). También la palabra “aficionado” se refiere a un título de Perec, Un cabinet d’amateur (1979), así como “clasificar” procede de Penser, classer (1985) y “las cosas” de su primera novela Les choses. Une histoire des annèes soixante (1965). Imitando el amor de Perec por los palíndromos, los acrósticos y los anagramas, M. Bengoa nos muestra a través del título de la obra su apreciación por la lectura y nos ofrece también la posibilidad extraordinaria de investigar su vida. En efecto las historias citadas pueden ser autobiográficas o tratar acerca de niños, o las dos cosas a la vez. Los niños representan un argumento en el que la artista está muy interesada y efectivamente hasta hoy, la mayor parte de su obra es autobiográfica, o bien trata de niños o las dos cosas simultáneamente.

Al explicar la naturaleza de su trabajo, la artista con modestia afirma que su objetivo es “registrar situaciones que no son memorables, que no sobresalen en una historia familiar pero, si, resaltan porque son historias normales y no distintivas”.[4] Cuando escribe sobre la exposición de M. Bengoa preparada en el Latincollector Art Center de Nueva York en 2004, Herzberg subraya que ella, igual que otros artistas entre los cuales Duchamp y Warhol, “nos vuelven a recordar la importancia de lo ordinario como elemento distintivo del arte”.[5] La sección de la biblioteca de M. Bengoa a la que tenemos acceso refuerza esta noción. Hablando de su atracción por las obras escritas de Perec y Kristof, la artista explica que “sus estilos de escritura parecen transmitir una manera de hacer las cosas que yo misma quiero reflejar en mis obras. Estoy hablando de una especie de distancia emotiva (que no es excesiva) que permite mantener una cierta frialdad (abandonando el enfoque dramático) cuando se utiliza su propio espacio privado en el trabajo y, por otro lado, me atrae mucho la manera en que Perec considera las cosas inútiles; me identifico mucho con este aspecto”.[6] Es obvio que M. Bengoa comprende, como escribe la crítica Yu Yeon Kim, “la poderosa resonancia de las cosas pequeñas”[7] y su fuerza iterativa; los límites físicos de su taller y de su casa son suficientes como fuente de inspiración para la realización de sus obras.

Alma Ruiz


[1] Julia Herzberg, “Mónica Bengoa: The color of the garden”, en “Mónica Bengoa: The color of the garden“, folleto de la exposición (Latincollector Art Center, Nueva York, 2004), p.n.n.

[2] Se conocía muy bien el interés de Georges Perec por los palíndromos, los anagramas y los juegos de palabras, que utilizó en muchas de sus novelas.

[3] Después de huir de Hungría en 1956, Agota Kristof y su marido se establecieron en Ginebra. Durante su estancia en Suiza, Agota Kristof aprendió francés como autodidacta y empezó a escribir utilizando esta lengua. Además de las novelas, escribió también algunas obras de teatro.

[4] Mónica Bengoa, correo electrónico para la autora, 3 de mayo 2006. Yo misma me he ocupado de éste y de las sucesivas traducciones de la correspondencia electrónica con la artista.

[5] Herzberg, Mónica Bengoa: The color of the garden cit.

[6] M. Bengoa, correo electrónico para la autora cit.

[7] Yu Yeon Kim, “Monumental Fragility: The Work of Mónica Bengoa”, en Mónica Bengoa; cuaderno en mano, (autopublicación, Santiago 2004), p.n.n.

  1. © 2017 mónica bengoa

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