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contexto

Rodrigos y yo fue mi respuesta al encargo curatorial de Mario Navarro para la muestra Daniel López Show, título que tomó de uno de los muchos alias que Augusto Pinochet utilizó para realizar sus millonarios delitos económicos. Más allá del asunto político evidente, el objetivo era, de algún modo, reflexionar también en torno a la identidad, de manera que me propuse hacer un ejercicio de una suerte de camuflaje, utilizando mi imagen y la de dos de los tres artistas participantes de la muestra, que casualmente llevaban por nombre Rodrigo (Rodrigo Lobos y Rodrigo Vergara; no fue posible fotografiar también a Rodrigo Pereda, quien residía en Nueva York).

En distintas sesiones fotográficas realicé una serie de tomas en las que posamos mirando a la cámara, de pié frente a un muro rojo. Fuimos cambiándonos de ropa una y otra vez; muchas veces utilizando la mía, que a ambos Rodrigos –bastante más grandes que yo– les quedaba notoriamente pequeña. Con estas imágenes rearmé los tres retratos a partir de quince módulos rectangulares, procurando reconstruir la continuidad de los cuerpos, pese a los descalces que se producían entre cada módulo que mostraba un trozo de prenda de colores y texturas diferentes.

El título de esta obra, Rodrigos y yo, hace referencia no solo a la anécdota de que en la muestra participaran tres artistas con ese nombre: a esto se suma el hecho de que, a lo largo de la vida, he conocido un número importante de Rodrigos (más de treinta), incluyendo entre otros, a mi padre –Jorge Rodrigo–, a mi exmarido, a mi cuñado y a que casualmente antes de nacer mis padres no imaginaron que yo podría ser mujer, de manera que el único nombre que me tenían reservado era, también, Rodrigo.

  1. © 2018 mónica bengoa

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