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Utilizando materiales cotidianos y técnicas accesibles como el tejido, el calado en fieltro, o el colorear con lápices, la artista chilena Mónica Bengoa (1969) ha centrado su práctica en el estudio y traducción de la imagen fotográfica, utilizando para ello soportes de gran escala y una paleta restringida.

Para celebrar sus 25 años de trayectoria artística, el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago presenta hasta el 11 de marzo su primera muestra retrospectiva, titulada Tentativa de Inventario. La exposición, que se compone de obras seleccionadas por la propia artista -incluidas muchas hasta ahora desconocidas por el público chileno-, está dividida en tres ejes principales.

La sala poniente del museo reúne algunas de sus primeras obras realizadas en los años noventa y principios de los años 2000. En esta primera fase, donde la fotografía aparece de manera directa como soporte, Bengoa se centra en hacer un registro temporal de situaciones cotidianas, asuntos insignificantes o de “lo infraordinario”, como ella misma lo define. Aquí podemos ver a sus hijos retratados unas 640 veces cepillándose los dientes, autorretratos de la artista mostrando sus cicatrices, lunares y pliegues, y fotografías de ella misma lavando la ropa en la tina del baño.

“Me interesaba mucho que el espectador empatizara porque finalmente éstos eran asuntos comunes y corrientes que todos vivimos todos los días. No había nada excepcional en ello”, dice Bengoa.

La sala principal y rotonda poniente exhibe obras de un segundo periodo en las que la artista traduce las imágenes fotográficas hacia grandes murales mediante técnicas manuales. Bengoa sigue retratando asuntos que comúnmente pasan inadvertidos, como la cama de un niño desecha con juguetes y prendas de vestir debajo, o las plantas de un jardín. La artista traduce estas imágenes a una escala monumental coloreando servilletas con lápices escolares o ensamblando miles de cardos naturales teñidos. Si se observan los grandes murales desde lejos, la diversidad y detalle de los colores permiten suponer que justamente el origen de estas obras es una fotografía.

En un tercer periodo, exhibido en la sala y rotonda oriente, Bengoa se interesa por la literatura y los libros, y lo canaliza a través de un material que nunca antes había usado: el fieltro. Valiéndose también de procedimientos manuales, la artista retrata un libro de flores silvestres realizado a partir de once capas de fieltro de lana teñidas en tonos de rojo.

En este último módulo conocemos uno de los referentes literarios más valiosos para la artista: el escritor francés Georges Perec. No es casualidad que Bengoa tome prestado el nombre de una exhibición dedicada a este autor en España para nombrar su propia muestra Tentativo de Inventario. La artista utiliza la fotografía de una hoja arrugada de un libro de Perec para transferir la imagen hacia un solo pedazo de fieltro negro calado a mano. Es un fieltro sin colores, con tan solo una capa: las palabras parecen flotar en un mar negro. Al observarlo, volvemos a inferir que detrás de la imagen subyace una fotografía.

Conversamos con la artista sobre esta exposición que recorre la casi totalidad de su obra, sus principales motivaciones, temáticas y procedimientos.

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Tentativa de Inventario

06 diciembre - 11 marzo 2018

Exposición retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes MNBA.


  1. © 2018 mónica bengoa

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