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Las inefables alegrías de la enumeración [mapudungún] [yagán]

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Publicación realizada en el marco del proyecto de investigación y creación «Las inefables alegrías de la enumeración [mapudungún] [yagán]», llevado a cabo entre los meses de abril de 2019 y julio de 2020.


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“En toda enumeración hay dos tentaciones contradictorias; la primera consiste en el afán de incluirlo TODO; la segunda, en el de olvidar algo; la primera querría cerrar definitivamente la cuestión; la segunda, dejarla abierta; entre lo exhaustivo y lo inconcluso, la enumeración me parece, antes de todo pensamiento, la marca misma de la necesidad de nombrar y de reunir sin la cual el mundo carecería de referencias para nosotros…”

 

Desde el cruce de lenguajes en las artes visuales y en la literatura, hacia las particularidades y pequeñas variaciones que puede tener un mismo texto en distintos idiomas y materialidades, «Las inefables alegrías de la enumeración [mapudungún] [yagán]» busca establecer una continuidad en las investigaciones de Mónica Bengoa en torno al que ella misma denomina “el ejercicio imposible de la traducción”. Su origen se remonta al Simposio Internacional de Arte in- Situ Arte-Naturaleza de Val-David, de la Foundation Derouin, en Quebec, Canadá, el año 2013, residencia que tiene como propósito realizar intervenciones semi-permanentes en medio de un bosque protegido, ubicado en los Jardins du Précambrien, en Val-David.

En esta primera experiencia, la artista intervino el bosque con seis versiones del mismo texto en letras de fieltro natural calado a mano (dos versiones en francés, dos en castellano y dos en inglés), correspondiente a un fragmento del libro Penser / Classer del escritor francés Georges Perec.

He venido estudiando su producción literaria desde hace más de 15 años, la que me ha permitido establecer reflexiones y vínculos estrechos entre las artes visuales y la literatura, y con lo infraordinario, concepto acuñado por Perec para referirse a aquellos asuntos insignificantes, que pasan comúnmente inadvertidos y que constituyen una preocupación temática, tanto en su producción literaria como en mi investigación artística. Su obra también ha sido para mí un referente metodológico, en tanto he trabajado siempre con una serie de restricciones o trabas, característica de la metodología de trabajo del grupo OuLiPo.
En términos de contenido, este texto tiene relación con la contradicción que surge entre nuestro intento permanente de clasificar y enumerar todo buscando referencias para habitar el mundo, y el fracaso que siempre conlleva esta misión imposible (…) Aún cuando se trataba de cientos de letras que conformaron el texto en los tres idiomas, seguían pareciendo una intervención infraordinaria en comparación a lo inconmensurable del bosque.

Lo realizado en la residencia en Canadá se convirtió en un antecedente para su primera experiencia en el proyecto interdisciplinario Diálogos, que culminó en la obra titulada «Composición de palabras». En este caso, y a partir de la incorporación de asuntos que la han mantenido ocupada de manera permanente —a saber, la imagen fotográfica y su traducción a medios manuales, lo infraordinario y la incorporación de la palabra escrita en su obra—, trabajó con un breve texto de su propia autoría que describía una situación cotidiana. Este fue escrito en español, traducido al mapudungún y luego de vuelta al español, proceso que permitió evidenciar las sutiles diferencias entre el original y su traducción (o lo que sucede con un texto al ser traducido). Y cada una de estas versiones fue calada a mano en grandes piezas de fieltro, formando una obra mural en tonos de rojo.

En la etapa más reciente del proyecto, la artista ha decidido hacerse cargo de la traducción tanto en términos formales y de lenguaje, como de contenido y de idioma, de cosmovisión. De este modo, a la especificidad de las problemáticas tratadas en el texto elegido, se sumaron dificultades prácticas que la obligaron a detenerse y a practicar una metodología de trabajo muy distinta, basada por sobre todo en el trabajo con ‘lo que hay’ y en encontrar la ganancia en la dificultad, la cercanía en la distancia, la libertad en la máxima restricción.

El segundo proyecto «Las inefables alegrías de la enumeración» contempló dos nuevas traducciones del texto de Perec y la producción de dos grupos de obras, correspondientes a los idiomas en los cuales estas fueron realizadas, [mapudungún] y [yagán]. A su vez, las obras fueron instaladas en lugares específicos para hacer el registro fotográfico. En el caso del mapudungún, este lugar fue la Laguna Quilleihue, en el Parque Nacional Villarrica, específicamente en la Laguna Quilleihue y en el Sendero Lagos Andinos; en el caso del yagán, el Parque Etnobotánico Omora, en Isla Navarino. La traducción al mapudungún, a cargo de Cristian Vargas Paillahueque, dejó en evidencia la distancia entre lenguas, cosmovisiones y formas de ver y habitar el mundo. En el mapudungún no sólo no existía la traducción exacta para términos como ‘exhaustivo’, o ‘inconcluso’, sino que la misma forma del lenguaje era distinta: las palabras no eran sólo sustantivos y/o artículos, sino más bien la expresión de toda una idea o concepto. Lo mismo sucedió con la traducción al yagán, en cuyo caso, además, a la dificultad de tratarse de una lengua casi extinta, se le sumó la de no lograr encontrar a ningún experto que pudiese realizarla, ante lo cual, finalmente y luego de un arduo trabajo realizado casi a tientas, se logró traducir cinco frases del texto original a cinco términos en yagán, escritos en el alfabeto fonético utilizado por el reverendo Thomas Bridge para escribir su “Yámana- English Dictionary” en 1923.

El desafío final de la traducción fue, entonces, asumir la dificultad y el fracaso como parte del proceso, la distancia como lo más permanente, lo imposible como lo real. Cuando se habla de traducir un texto, inmediatamente se piensa en transformar lo escrito en un idioma original a otro distinto, para lo cual es necesario conocer ambos. Sin embargo, y de manera más relevante, es necesario también conocer y entender el sentido de aquello que se quiere traducir, y que corresponde a algo así como su esencia, lo que le da origen. Siguiendo esta línea de pensamiento es posible considerar que, en estricto rigor, la primera traducción es siempre la escritura misma del texto, y el autor su primer traductor; el encargado de transformar algo abstracto (una idea) en algo concreto (una palabra o una frase), en traducir el pensamiento en escritura.

Surge entonces el inevitable cuestionamiento acerca de si acaso la traducción es un ejercicio imposible en tanto inexistente. En ese sentido, entonces, todo intento por traducir algo a las propias palabras o al propio idioma, no sería más que un intento por conectar con otros a través del lenguaje. Y es esto precisamente lo que desde siempre ha dado existencia a este último. La escritura siempre carga con un sentido, aunque no lo podamos descifrar, aún no conociendo la lengua o idioma en que fue escrito un texto algo podemos encontrar ahí, en aquel conjunto definido de signos que es el lenguaje.

Así, más que de lo real, de la restricción y de la distancia, «Las inefables alegrías de la enumeración» nos habla de las posibilidades y del encuentro. En las distintas lenguas, acentos y cosmovisiones, la palabra está siempre obedeciendo a la necesidad de decir, tan propiamente humana como la de dedicarnos a esas tareas imposibles que, al fin y al cabo, son las que dan sentido a aquello que hemos convenido llamar nuestra vida.

 

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  1. © 2021 mónica bengoa

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